martes, 20 de noviembre de 2007

LA SANACIÓN A TRAVÉS DEL PERDÓN . (cuarta parte)


NECESIDAD DE PERDONAR PARA SANAR.

El perdón es la clave para la salud física y espiritual. Qué
triste es ver a tantas personas que viven y conviven con
odio, con rencor, sin perdonar a los que en un momento de
su vida les ofendieron y les causaron daño. Pero mucho
más triste es ver que esas mismas personas rezan
continuamente el Padre nuestro que Jesús nos enseñó, sin
tomar en cuenta sus palabras. "Perdónanos nuestras
ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden". No podemos recibir el perdón de Dios, su amor,
si nosotros no perdonamos. Bien claramente nos lo dice
Jesús: "Cuando os pongáis a orar, si tenéis algo contra
alguien, perdonádselo, para que también vuestro Padre
celestial os perdone vuestros pecados. Pues si vosotros no
perdonáis, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará
vuestras culpas." (Mc. 11, 25-26)
El Señor nos habla con gran claridad. Si no perdonas,
serás incapaz de recibir perdón por estar resistiendo a la
Luz. No perdonar es permanecer en la obscuridad y sin
amor con lo que se impide obtener el perdón de Dios.
La relación de nuestros pecados y ofensas que nosotros
cometemos contra Dios no tienen nada que ver en
magnitud con las ofensas que un hermano nos puede
causar. Y a pesar de ello, Dios nos perdona nuestros
pecados que son mucho más grandes, con tal que nosotros
perdonemos a nuestro hermano, en cosas tan pequeñas. El
mismo Jesús nos da un ejemplo práctico para que mejor lo
entendamos, cuando nos presenta aquel señor que
perdona a su siervo una deuda inmensa que no podía
pagar, solo porque se lo pidió, y este mismo siervo no es
capaz de perdonar a un compañero que le debía una suma
irrisoria. Conocemos cual fue la reacción del señor: que su
siervo sea llevado a la cárcel hasta saldar su cuenta, hasta
siempre. (Mt. 18, 23-35))
Perdonar, perdonar, perdonar siempre y ante cualquier
circunstancia y ofensa. Jesús, dándonos ejemplo, desde la
cruz perdonó a sus verdugos: "Padre, perdónalos, porque
no saben lo que hacen". (Lc. 23, 34) Y Jesús era
completamente inocente. ¿Y yo soy siempre inocente ante
la ofensa de otro?
"Muchos piensan que perdonar es perder y no se dan
cuenta que es ganar porque nos libera de nuestros odios y
resentimientos; nos asemeja a Jesús que amó y perdonó a
sus enemigos y nos abre el perdón y la gracia de Dios.
Perdonar es resucitar en nosotros la nueva vida traída por
Jesús. Perdonar y pedir perdón es como un relámpago que
anuncia una lluvia fecunda".